A veces hablamos del propósito como si fuera una respuesta escondida que todos deberíamos encontrar. Y cuando no aparece, sentimos que vamos tarde.

No tenerlo claro también es parte del camino

Puede que el propósito no llegue como una gran revelación. Puede comenzar en algo pequeño: una conversación que te importa, una actividad que te da energía o una forma de aportar que quieres seguir explorando.

Cambiar de dirección no siempre significa haber perdido el tiempo. A veces significa que aprendiste algo nuevo sobre ti.

Una pregunta más cercana

En vez de preguntarte qué deberías hacer con toda tu vida, puedes comenzar por algo más posible: ¿qué me gustaría cuidar, aprender o construir durante esta etapa?

El propósito también puede cambiar. Tú también cambias.

Una pregunta para llevarte:¿Qué pequeña curiosidad te gustaría seguir durante los próximos meses?
Este texto es una reflexión de divulgación. No reemplaza evaluación, diagnóstico ni tratamiento profesional.